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Chile tiene la economía más liberal de Latinoamérica,
según Wall Street Journal
Así lo afirma un estudio de la conservadora Heritage
Foundation y el Wall Street Journal , que fija a Hopng Kong
como el mercado con más facilidades para la inversión.
Chile lidera la lista entre los países
de Latinoamérica como la economía más liberal del subcontinente, y el
puesto número 11 entre 155 naciones, de acuerdo con un estudio de la
influyente entidad estadounidense Heritage Foundation.
La ex colonia británica Hong Kong
lidera el Indice de Libertad Económica del 2005, publicado por
Heritage Foundation y el Wall Street Journal, por úndécimo año
consecutivo, relegando a Singapur al segundo puesto.
Estados Unidos se cayó de la lista de
los 10 países con economías más liberales por primera vez desde que
comenzó a realizarse el índice hace 11 años, bajando al puesto 12 al
10.
Hong Kong fue elogiado por su baja
tasa de impuestos, la apertura de sus mercados y el reducido nivel de
intervención del gobierno en la economía.
Chile aparece detrás de Australia e
inmediatamente delante de Suiza con un puntaje de 1,81 unidades -cuanto
menor es el puntaje, más liberal- y es la única economía de la región
considerada "liberal".
México, en el puesto 63, Uruguay (43),
Costa Rica (54), El Salvador (24) y Perú (56), entre otros, fueron
calificados como "mayormente liberales".
Más atrás, como economías "mayormente
no liberales" aparecen Brasil (90), Colombia (88), Paraguay (111) y
Argentina y Ecuador empatados en la posición 114.
Por su parte, Venezuela y Cuba fueron
consideradas economías "represivas" junto con Irán y Zimbabwe, entre
otros países.
En tanto, China trepó al puesto 112
desde el 128 debido a la reducción de aranceles que dispuso el país
desde que se incorporó a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
(Agencias)
Así lo afirma un estudio de la conservadora Heritage
Foundation y el Wall Street Journal , que fija a Hopng Kong
como el mercado con más facilidades para la inversión.
Chile lidera la lista entre los países
de Latinoamérica como la economía más liberal del subcontinente, y el
puesto número 11 entre 155 naciones, de acuerdo con un estudio de la
influyente entidad estadounidense Heritage Foundation.
La ex colonia británica Hong Kong
lidera el Indice de Libertad Económica del 2005, publicado por
Heritage Foundation y el Wall Street Journal, por úndécimo año
consecutivo, relegando a Singapur al segundo puesto.
Estados Unidos se cayó de la lista de
los 10 países con economías más liberales por primera vez desde que
comenzó a realizarse el índice hace 11 años, bajando al puesto 12 al
10.
Hong Kong fue elogiado por su baja
tasa de impuestos, la apertura de sus mercados y el reducido nivel de
intervención del gobierno en la economía.
Chile aparece detrás de Australia e
inmediatamente delante de Suiza con un puntaje de 1,81 unidades -cuanto
menor es el puntaje, más liberal- y es la única economía de la región
considerada "liberal".
México, en el puesto 63, Uruguay (43),
Costa Rica (54), El Salvador (24) y Perú (56), entre otros, fueron
calificados como "mayormente liberales".
Más atrás, como economías "mayormente
no liberales" aparecen Brasil (90), Colombia (88), Paraguay (111) y
Argentina y Ecuador empatados en la posición 114.
Por su parte, Venezuela y Cuba fueron
consideradas economías "represivas" junto con Irán y Zimbabwe, entre
otros países.
En tanto, China trepó al puesto 112
desde el 128 debido a la reducción de aranceles que dispuso el país
desde que se incorporó a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
(Agencias)
Así lo afirma un estudio de la conservadora Heritage
Foundation y el Wall Street Journal , que fija a Hopng Kong
como el mercado con más facilidades para la inversión.
Chile lidera la lista entre los países
de Latinoamérica como la economía más liberal del subcontinente, y el
puesto número 11 entre 155 naciones, de acuerdo con un estudio de la
influyente entidad estadounidense Heritage Foundation.
La ex colonia británica Hong Kong
lidera el Indice de Libertad Económica del 2005, publicado por
Heritage Foundation y el Wall Street Journal, por úndécimo año
consecutivo, relegando a Singapur al segundo puesto.
Estados Unidos se cayó de la lista de
los 10 países con economías más liberales por primera vez desde que
comenzó a realizarse el índice hace 11 años, bajando al puesto 12 al
10.
Hong Kong fue elogiado por su baja
tasa de impuestos, la apertura de sus mercados y el reducido nivel de
intervención del gobierno en la economía.
Chile aparece detrás de Australia e
inmediatamente delante de Suiza con un puntaje de 1,81 unidades -cuanto
menor es el puntaje, más liberal- y es la única economía de la región
considerada "liberal".
México, en el puesto 63, Uruguay (43),
Costa Rica (54), El Salvador (24) y Perú (56), entre otros, fueron
calificados como "mayormente liberales".
Más atrás, como economías "mayormente
no liberales" aparecen Brasil (90), Colombia (88), Paraguay (111) y
Argentina y Ecuador empatados en la posición 114.
Por su parte, Venezuela y Cuba fueron
consideradas economías "represivas" junto con Irán y Zimbabwe, entre
otros países.
En tanto, China trepó al puesto 112
desde el 128 debido a la reducción de aranceles que dispuso el país
desde que se incorporó a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
(Agencias)
Análisis de los Movimientos Sociales ante la Crisis Económica y
la Militarización
Vientos de cambio e internacionalismo desde
Latinoamérica
James D. Cockcroft
Rebelión
Traducido para Rebelión por Felisa Sastre
Vientos positivos de cambio,
impulsados por los crecientes movimientos sociales e insurrecciones
populares espontáneas, soplan desde Latinoamérica y llegan al resto
del mundo. Se han originado por la extensión de la humillante pobreza
que afecta al 75 por ciento de la población, por la movilidad hacia
abajo que está reduciendo las clases medias, por las últimas
barricadas de quienes luchan por los escasos puestos de trabajo fijos
y por las crisis de gobierno en las democracias de baja intensidad que
con frecuencia garantizan la impunidad para los actos de terrorismo de
Estado. En las últimas elecciones, esos vientos han inclinado el
péndulo político latinoamericano desde la extrema derecha (o
centro-derecha) hacia el centro o centro-izquierda. Los candidatos se
comprometen de forma rutinaria a no poner en marcha el fundamentalismo
imperialista del libre mercado y la propuesta del ALCA (Área de Libre
Comercio de América), incluso aunque una vez electos muchos puedan
apoyar el moribundo modelo económico neoliberal.
En Washington, se habla frecuentemente
de un nuevo “eje del mal”- Brasil, Venezuela y Cuba- que amenaza la
“libertad”. Para llevar a cabo una política más sofisticada de
intervención, el Gobierno estadounidense ha aumentado su movilización
y coordinación entre el Pentágono, la CIA, la Agencia de Lucha contra
las Drogas, la Fundación Nacional por la Democracia, y sobre todo el
Mando del Sur y el Mando del Norte (que unifica las fuerzas armadas de
Méjico, Canadá y Estados Unidos), ambos bajo el mando del SOCOM (Mando
Secreto de Operaciones Especiales) que ha dirigido la invasión de
Irak. En las muy citadas palabras del criminal de guerra y Secretario
de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, “ La libertad necesita
tener las manos libres para hacer daño”.
Venezuela, internacionalismo y Cuba
El proceso revolucionario de base de
Venezuela y el Presidente Hugo Chávez han influido en los movimientos
sociales latinoamericanos, en los partidos políticos e incluso en
algunos gobiernos, con su convocatoria hacia una nueva unidad
bolivariana sin precedentes desde la primitiva proclama de Simón
Bolívar durante las guerras de independencia contra España, Portugal y
otras potencias europeas. Ahora, la exigencia es la de una segunda
independencia- en esta ocasión no sólo política sino económica y
militar- en primer lugar, de las corporaciones multinacionales, de los
bancos y de las ensangrentadas garras del águila imperial
estadounidense (1).
En la reunión de noviembre de 2004 que
mantuvieron los ministros de defensa americanos, 16 países, con Brasil
al frente, votaron contra la propuesta estadounidense- apoyada por
Colombia- de crear una fuerza militar interamericana para intervenir
en cualquier país de Latinoamérica, lo que provocó un impulso
adicional al llamamiento previo de Chávez para constituir un bloque
militar regional en defensa de la soberanía nacional contra el
imperialismo.
En sus últimos discursos, Chávez ha
urgido a que la gente lea “La revolución permanente” de Trotsky,
indicando que en ella hay mucho de lo que aprender y que Trotsky tenía
razón en su disputa con Stalin. “No existe una revolución nacional”,
insiste Chávez. Para que en un país sobreviva y progrese un proceso
revolucionario “la revolución tiene que llegar a ser internacional”.
Mientras se proclama orgulloso de ser cristiano con preocupaciones
sociales, Chávez ha llamado la atención sobre el resultado lógico de
los cambios que está realizando el gobierno democrático bolivariano,
participativo y popular de Venezuela, que es socialismo.
En las dos primeras semanas de
diciembre de 2004, Caracas ha acogido dos importantes reuniones
internacionales. El Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en
Defensa de la Humanidad, al que asistieron 350 participantes de 52
países, que mostró su solidaridad con Venezuela, Cuba y “los pueblos
de Irak, Palestina, Afganistán, y de todos aquellos que se resisten a
la ocupación y agresión imperiales”. Y se comprometió “ a pasar a la
ofensiva” mediante “la creación de una ‘red de redes’ de información
para actividades artísticas, solidaridad y movilización, que relacione
a intelectuales y artistas con las luchas populares y con los Foros
Sociales y que garantice la continuidad de esos esfuerzos uniéndolos
en un movimiento internacional ‘en defensa de la humanidad’”, para
terminar con “la convicción de que otro mundo no sólo es posible, sino
necesario”.
La otra reunión de Caracas fue el II
Congreso Bolivariano de los Pueblos, en el que participaron unos 180
dirigentes de partidos políticos latinoamericanos y caribeños y
activistas de movimientos sociales que se comprometieron a la defensa
permanente de la Revolución Bolivariana de Venezuela y de la
Revolución Socialista de Cuba. Al designar el año 2005 “Año de la
Ofensiva y Progreso de la Unidad de los Pueblos de Latinoamérica y del
Caribe”, convocaron un Foro de los Trabajadores del Sector Energético
para finales de año. Al mismo tiempo que exigían cambios humanísticos,
pluralistas culturalmente y participativos, para obligar a los
gobiernos de la región a preocuparse por sus pueblos y a abordar un
desarrollo económico sostenible, proclamaron su respeto a las leyes
internacionales y a los derechos humanos establecidos en la Carta de
Naciones Unidas. Finalmente, crearon un Secretariado Permanente en
Caracas, anunciando su propósito de convertir el Congreso en un
movimiento internacional mediante la creación de una serie de redes
bolivarianas políticas, de comunicación y de control de la producción
por los trabajadores.
A mediados de diciembre, el
internacionalismo de Chávez se apuntó un nuevo tanto al reunirse con
otros dirigentes de Sudamérica para crear la Comunidad Sudamericana de
Naciones, una especie de “Unión Europea” (sin su riqueza, pero con
inmensas reservas de petróleo, agua, minerales y biodiversidad). Junto
con la Comunidad Caribeña (CARICOM) y el Mercado Común
Centroamericano, constituyen una alternativa factible para la
integración de la economía latinoamericana con una divisa
independiente de Estados Unidos.
Al proclamar la muerte del ALCA,
Chávez y el Presidente de Cuba, Fidel Castro, anunciaron en La Habana
la puesta en marcha de un marco alternativo para la integración
económica (la Alternativa Bolivariana para las Américas). Al estrechar
los intercambios económicos y culturales beneficiosos para ambos
países, entre los que se incluye el petróleo a un precio reducido para
los cubanos y miles de maestros, médicos y becas cubanas para los
venezolanos, el acuerdo implica similares acuerdos futuros para el
resto de Latinoamérica y el Caribe, muchos de cuyos países ya están
recibiendo petróleo venezolano a precios reducidos.
De la misma manera que Oriente Próximo
no puede entenderse sin poner la situación de Palestina en el centro
de mira, cualquier análisis de Latinoamérica tiene que partir de Cuba.
Los cubanos, debido a su revolución, han tenido que defenderse de un
imperialismo extremadamente agresivo que les mantiene bloqueados
económicamente desde hace 45 años, que ha invadido su isla, les ha
declarado una guerra con armas químicas y ha llevado a cabo
innumerables intentos de asesinato de su popular presidente. Aunque en
ningún caso pueda considerarse un “modelo”, Cuba , sin embargo,
representa una alternativa política y social a la explotación y
degradación ecológica impuesta por el imperialismo y su “globalización”.
A finales de los años 90, cinco
patriotas cubanos, dos de ellos ciudadanos estadounidenses, se
infiltraron en los grupos terroristas de exiliados con sede en Miami y
facilitaron información al FBI- a quienes ayudaron a evitar 170
atentados terroristas-, para recibir como recompensa que el
Departamento de Justicia de EE.UU. los llevara a la cárcel, gracias a
un tendencioso jurado de Miami. Conocidos en todo el mundo como los
“cinco cubanos” y propuestos para el Nobel de la Paz, en la actualidad
cumplen una larga condena por la falsa acusación de espionaje y
asesinato, mientras los verdaderos terroristas a quienes denunciaron,
gentes como Orlando Bosch- a quien el propio Departamento de Justicia
considera responsable de más de 30 atentados terroristas y de la
muerte de decenas de personas inocentes- siguen paseando
tranquilamente por las calles de Miami e incluso aparecen en público
con el Presidente Bush y otras personalidades que los tratan como si
fueran héroes en lugar de asesinos de masas.
El año 2004, un equipo español de
prospecciones ha descubierto lo que pueden ser inmensas reservas de
petróleo en la zona cubana del Golfo de Méjico, lo que ha llevado a la
administración Bush a acelerar su campaña por el “cambio de régimen”
en Cuba. Quizás los más importantes movimientos sociales en
Latinoamérica hoy son los que están teniendo lugar allí, tal como
revela la inesperada manifestación en las calles de La Habana en mayo
de 2004, en la que participó una décima parte de la población del
país, más de un millón de personas, en respuesta al anuncio público de
los detallados planes del imperialismo estadounidense para la “Cuba
después de Castro”.
Crisis del Neoliberalismo, Formación de Nuevas Clases y Movimientos
Sociales más Fuertes
A causa del pillaje de las economías
latinoamericanas llevado a cabo por el neoliberalismo, y de sus
consecuencias en la emigración de trabajadores, la estructura
tradicional de clases y las formas de lucha son apenas reconocibles.
Las líneas que dividen las clases sociales se han difuminado de forma
compleja. Por ejemplo, los movimientos indígenas y de campesinos que
han resurgido combinan las tradicionales exigencias de tierra con
otras modernas relacionadas con la vivienda urbana, el agua y las
condiciones sanitarias. Las clases trabajadoras están fracturadas por
sus diversos niveles de participación en sindicatos y salarios reales
(ambos cada año más reducidos). La privatización del Estado, junto a
la implantación del “trabajo flexible”, ha llevado al desplome del
salario mínimo, a sumir en la miseria a las masas, al aumento del
paro, incluso entre los relativamente bien formados profesionales que
sufren la “precariedad” del trabajo y la “sobre explotación”, con
frecuencia obligados a desempeñar más de un trabajo de media jornada,
sin seguridad alguna. Las mujeres y los niños han sufrido el mayor
impacto económico, por no hablar de la cada vez mayor violencia en la
vida diaria (2).
La complejidad de las formaciones
sociales en América Latina, con sus distintos niveles de riqueza,
variedad étnica y de componentes culturales, y multiplicidad de
lenguas hace muy difícil la generalización. A pesar de ello, un buen
análisis de la nueva realidad de las cambiantes condiciones de
formación de clases y de la difuminación de las líneas que las separan
es la forma en que estalló el “argentinazo” en diciembre de 2001. En
unos días, el ya veterano movimiento de parados (“piqueteros”), que
tenía ya diez años, se unió a las populares asambleas de vecinos (un
tipo de comuna de participación urbana) que se unieron a las
piqueteras (mujeres que estaban en primera línea de la lucha), a los
campesinos, a los proletarios sin tierra del campo y a los combativos
mineros y se juntaron con grupos de mayor nivel de vida que se
rebelaron contra los bancos por el robo de los ahorros de toda una
vida. Mujeres cabeza de familia, trabajadores de fábricas y servicios,
funcionarios, profesores, estudiantes, pensionistas, discapacitados
físicos y otros grupos sociales se unieron a esos movimientos para
gritar a los partidos políticos: “Todos fuera”. Aquella algo caótica
multiclasista confluencia de fuerzas sociales, que derrocó a cuatro
presidentes consecutivamente, redujo las tradicionales divisiones
entre los parados y gentes con empleo de Argentina y entre los obreros
desposeídos y los “profesionales de clase media”, abriendo la puerta a
potenciales cambios revolucionarios. Desde el argentinazo, la
burguesía argentina “modernizadora”, que miraba hacia el capital
extranjero, tuvo que recurrir a técnicas antiguas de cooptación y a
complejas intervenciones estatales para reestablecer una estabilidad
política poco sólida.
La noción de “burguesía nacionalista”
capaz de industrializar y desarrollar las sociedades de América Latina
hasta hacerlas sostenibles y prósperas está todavía aparentemente viva
y en buen estado pero en la práctica está prácticamente muerta, con la
posible excepción de algunos sectores de la burguesía brasileña. Esta
realidad no contradice la tendencia de algunas fracciones burguesas a
unirse de vez en cuando para enfrentarse a las más poderosas del Norte
en negociaciones sobre el comercio internacional o las inversiones
extranjeras. Algunos teóricos se han referido a los “rentistas”
latinoamericanos, o burguesía financiera, llamando la atención sobre
la emergencia de bien conocidos y poderosos multimillonarios ligados
al capital extranjero. En muchos países como Méjico, no obstante, la
casi totalidad del sector bancario está en manos extranjeras. Siguen
existiendo, aunque con mucho menos poder, burguesías industriales y
comerciales cuyos miembros se relacionan cada vez más con redes de
capital extranjero y de explotación de los trabajadores. La
acumulación de capital todavía se basa en salarios de hambre (3).
La bajada de la inversión
estadounidense en América Latina que ha venido acompañada por el hecho
de que España se haya convertido en el primer inversor allí, junto con
la ofensiva del comercio chino (China es ahora el principal comprador
del cobre chileno y el primer proveedor de ordenadores energéticamente
eficientes de Cuba, han complicado todavía más la situación
latinoamericana. El total de las inversiones extranjeras ha bajado
desde el año 2000, mientras la transferencia de beneficios, el pago de
los intereses de la deuda exterior, y el reciclado intercambio de
dólares del narco tráfico y del comercio sexual, han ido aumentando
los beneficios de los bancos y empresas extranjeras con sede en la
zona (4). Al menos el 70 por ciento de la mano de obra latinoamericana
trabaja ahora en la economía informal, a consecuencia del genocidio
económico cometido durante más de dos décadas por la globocolonización
neoliberal que continúa exigiendo el pago del peaje.
A causa de la profunda crisis
económica en América Latina, con el desplome de sus monedas y de las
exportaciones de materias primas, y debido a la magnitud de la
presencia imperialista y el impacto del neoliberalismo con su
desmantelamiento de la nación-estado, los espacio para los supuestos
“progresismo” y “nacionalismo” casi han desaparecido. El fracaso de la
alianza gubernamental de centro-izquierda en Argentina en 2001 y las
dificultades del Gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva en
Brasil, que son reflejo de esa nueva realidad, han favorecido la
emergencia de la alternativa transnacional del bolivarismo a la que
Lula se va uniendo cada vez más.
Las esperanzas suscitadas por décadas
de movilizaciones de la clase trabajadora y de construcción del
Partido del Trabajo brasileño con su consecuente enorme triunfo
electoral de Lula han quedado defraudadas por el fracaso del Gobierno
para aumentar el nivel de ninguno de los indicadores económicos y
sociales. El pago de la Deuda absorbe el superávit conseguido por los
trabajadores brasileños. Como resultado de todo ello, el Partido del
Trabajo se ha escindido dando lugar a uno nuevo, el Partido Socialismo
y Libertad (PSOL) que ha conseguido casi medio millón de firmas de
apoyo para registrarse como opción electoral. Recientemente, el gran
movimiento del los obreros rurales sin tierra (MST-Movimiento de los
Trabajadores Rurales sin Tierra) se ha unido al PSOL en las
manifestaciones de protesta contra el mantenimiento por parte del
Gobierno de las políticas económicas neoliberales .
Todos estos acontecimientos han
desembocado en una nueva ola de movilizaciones populares y en la
intensificación de la lucha de clases y su internacionalización en
toda América Latina. El resultado del crecimiento de los movimientos
sociales, a pesar de sus altibajos, ha sido el debilitamiento del
neoliberalismo y le ha colocado a la defensiva. Al protestar contra el
alza de los productos básicos, han conseguido parar el proceso de
privatización del agua, del petróleo, recursos minerales y de la
preservación del los bosques. Han centrado sus ataques en el ALCA, en
el modelo neoliberal, en la importación de alimentos transgénicos, y
en la extorsión que supone la ilegal deuda externa que se remonta a
los “años sucios” de las dictaduras militares impuestas desde 1964
hasta mediados de los 80 por el imperialismo de EE.UU. para evitar
“otra Cuba”, es decir, que se llevaran a cabo cambios sociales.
Los movimientos sociales
latinoamericanos se enfrentan a tendencias contradictorias: la
desestabilización del centro-izquierda o de los gobiernos
populista-nacionalistas; las conspiraciones del la CIA y los medios de
información estimulan movilizaciones contrarrevolucionarias;
intervenciones militares directas de EE.UU. para derrocar a gobiernos
democráticamente elegidos, como ha ocurrido en Haití; masacres
policiales o militares; la extensión de grupos paramilitares y el
resurgimiento de los “escuadrones de la muerte”; el incremento de la
violencia contra las mujeres, los gay y transexuales, las minorías
étnicas y las organizaciones progresistas; las amenazas contra la
soberanía de Venezuela y Cuba, así como hacia los supuestos
“estados-fracasados” de la región; y la criminalización de los actos
de protesta. Semejante criminalización de la disidencia y el
incremento de la represión violenta, sin embargo, puede que avive
futuras insurrecciones sociales en países como Argentina, Bolivia,
Perú, Ecuador, Colombia, e incluso Brasil.
Al margen de las contra-tendencias, la
relación de las victorias parciales pero significativas ya alcanzadas
por los movimientos sociales, además de las ya mencionadas, es
impresionante. Seguidamente señalo unas pocas:
- Bloqueo de los intentos de
privatizar la energía eléctrica, el agua, y otros recursos naturales,
y/o los planes de pensiones en Perú, Bolivia, Paraguay y otros países.
- La paralización del Plan Puebla en
Panamá, del Plan Colombia y de otros programas de infraestructuras
militares patrocinados por EE.UU. diseñados para aplastar las
insurrecciones populares (los zapatista y otros en Méjico, las FARC y
ELN en Colombia) y para garantizar el acceso de EE.UU. a los recursos
naturales de Latinoamérica, y en especial al petróleo, gas, productos
de la biodiversidad y energía hidroeléctrica, así como el rápido
transporte hacia el norte (programas que constituyen la rama militar
del ALCA).
- Expulsar a la Armada estadounidense
de la zona elegida para maniobras en Vieques, Puerto Rico, gracias a
las manifestaciones en todo el país y los actos de desobediencia
civil, incluida la internacionalización de las protestas.
- La consolidación del MST (Movimiento
de los Sin Tierra) en Brasil en centenares de miles de asentamientos
urbanos.
- La consecución en la lucha por la
justicia de que culpables de genocidio, como Pinochet en Chile, sean
juzgados.
- En 2004, la marcha en apoyo de la
Revolución cubana contra la intensificación del bloqueo económico y
otros actos de agresión de EE.UU.
- El aislamiento y la pobreza de las
recepciones oficiales ofrecidas al Presidente Bush en Colombia y Chile-
un país donde, a pesar del relativo silencio producido por los años de
la represión de Pinochet, las manifestaciones se han intensificado
contra el Acuerdo entre Chile y Estados Unidos y contra el derechista
gobierno socialista, junto a la huelga de estibadores y la huelga de
hambre de prisioneros políticos y familias de desaparecidos.
- El millón cuatrocientos mil
manifestantes que protestaron, seguido por la constitución de la Gran
Coalición Democrática en Colombia, que une a la izquierda y a algunos
partidos liberales en la oposición contra el belicismo del corrupto
narco-régimen del Presidente Álvaro Uribe.
- La elección en Uruguay de un
presidente de centro-izquierda y el enorme voto del referéndum que
declaró ilegal la privatización del agua.
- Las manifestaciones gigantescas, con
la presencia de los combativos trabajadores de la Unión Mejicana de
Obreros de la Electricidad, que obligó a retirar los planes de
privatización de las pensiones y de la energía que quería llevar a
cabo el gobierno conservador mejicano.
- La consolidación de las “Juntas
zapatistas de Buen Gobierno” en Chiapas.
- Las protestas que ocasionaron el que
se pospusiera la Operación Águila III (maniobras conjuntas de los
ejércitos latinoamericanos y estadounidense) en Argentina.
- Las victorias abrumadoras de Chávez
en Venezuela, tanto en el referéndum de agosto como en las posteriores
elecciones regionales.
- La repercusión de la convocatoria de
Chávez para “profundizar en la revolución”, la fusión de los
movimientos sociales venezolanos en la coalición Conexión Social que
aboga por la participación popular en el sector estatal del petróleo,
por la democratización de los medios de comunicación, y por la
erradicación de la corrupción y la burocracia para “terminar con el
viejo y corrupto Estado”.
- En el año 2003: el fracaso de la
Organización Mundial del Comercio en Cancún, Méjico, al que contribuyó
el alineamiento de Brasil con China e India en el “bloque de los 22”.
- La unión de los ecologistas,
sindicatos, y movimientos contra la globalización capitalista en Miami
que produjo un ALCA descafeinado como esperanza apenas viable del
imperialismo del libre comercio.
- La insurrección boliviana de los
indígenas, campesinos, mineros y estudiantes que derrocaron al
presidente títere de EE.UU., “el Gringo”, y paralizaron la
privatización del gas y el agua, a la que un año más tarde siguió el
fuerte incremento electoral del Movimiento hacia el Socialismo (MAS)
dirigido por Evo Morales, líder de los cocaleros (los cocaleros son
los campesinos indios que cultivan coca para uso ceremonial y
comercial).
- La derrota de la propuesta de ley
uruguaya para permitir que la compañía estatal de petróleo se asociara
con capital extranjero.
- La victoria de los movimientos
masivos de Colombia en el referéndum convocado por el Presidente
Álvaro Uribe para anular la prohibición constitucional de un segundo
mandato presidencial.
- La victoria de los campesinos de San
Salvador Atenco, en las afueras de la Ciudad de Méjico, al echar abajo
el proyecto de construir un nuevo aeropuerto internacional en sus
tierras.
- La derrota que propinó el pueblo
venezolano al cierre de la patronal corrupta y burocrática de la
compañía estatal de petróleo.
- En 2002: la insurrección popular que
echó por tierra el golpe de estado del 13 de abril, que duró dos días,
contra el Gobierno de Chávez, y la subsiguiente radicalización de la
Revolución Bolivariana de Venezuela.
- La derrota de la propuesta de ley
anti-terrorista y de una ley de privatizaciones, llevada a cabo por
los movimientos paraguayos .
- Y etc.etc... si seguimos año a año.
Lo que está en juego en América Latina
es nada menos que la soberanía de todos los países y el control de sus
recursos naturales- incluidos el petróleo, la energía- y el bajo poder
adquisitivo del trabajo, la rica biodiversidad y las inmensas reservas
de agua potable, escuelas públicas, hospitales, viviendas, sistemas de
transporte, seguridad social y sistemas de pensiones y otros servicios
públicos; bancos e industria; y , por encima de todo, la continuidad
de los dinámicos movimientos sociales.
Análisis de los Movimientos Sociales ante la Crisis Económica y la
Militarización
Aunque resulta difícil generalizar,
hay ocho principales características en estos movimientos sociales:
1. El papel excepcional desempeñado
por la población indígena, especialmente en Bolivia, Perú, Ecuador,
Guatemala y Méjico e incluso, por sorprendente que resulte, en países
donde son escasos como en Argentina y Chile. Los indígenas en América
viven y reconocen el hecho de que detrás del imperialismo hay 500 años
de sometimiento genocida y resistencia a él. En este sentido, son
conscientes de algunas realidades históricas, tales como la
continuidad del colonialismo/ imperialismo; los actos rutinarios de
secuestros, desapariciones, torturas y violencia contra las mujeres;
la destrucción ecológica; y la creación y perpetuación de una
incalculable deuda exterior que constituye una auténtico chantaje a
pueblos enteros.
2. El importante trabajo desarrollado
por las mujeres y por las gentes más pobres, visto desde la
perspectiva del auge de su resistencia y liderazgo. Veamos sólo
algunos casos destacados:
- Dirigentes zapatistas de Méjico como
la comandante Esther, la única elegida para dirigirse al Congreso
mejicano, quien puso de manifiesto que el subcomandante Marcos era
sólo uno de los sub-comandantes (Tal como el mismo Marcos había dicho
antes, la primera batalla zapatista era la de las mujeres contra el
dominio masculino sobre ellas en las filas del zapatismo, una batalla
“que las mujeres han ganado sin disparar un solo tiro”.
- El movimiento argentino de las
Madres de la Plaza de Mayo, que lleva décadas, y la nueva generación
de madres que protestan por los asesinatos policiales y las
“desapariciones” de sus hijas e hijos, y las piqueteras argentinas y
trabajadores que han ocupado las fábricas abandonadas por sus
propietarios.
- Las empobrecidas masas de Venezuela
y los Círculos Locales Bolivarianos que defienden a su presidente y a
su Constitución (Los “Círculos Bolivarianos” de solidaridad con
Venezuela que existen ahora en todo América Latina, así como en otros
países como EE.UU. y Alemania).
- Los trabajadores bolivianos, los
vendedores callejeros, y cabezas de familia de la enorme y joven
ciudad El Alto que organizan bloque a bloque los comités de defensa y
lucha.
- Los miles de personas hambrientas
que se manifestaron en Managua en abril de 2004.
Son las insurrecciones de las mujeres
y de los pobres, y la creciente conciencia política, junto con los
análisis feministas de clase y las nuevas investigaciones económicas
sobre el aumento de la pobreza y su papel en la acumulación de capital
en la actualidad, los que han hecho obligatoria la incorporación de la
teoría del patriarcado y la triple explotación de las mujeres en
cualquier análisis de clase y debate sobre el imperialismo y los
movimientos sociales.
Más aún, América Latina continúa
asimilando las experiencias con rapidez, la militarización patrocinada
por EE.UU. bajo la máscara de la guerra contra las drogas y,
últimamente, contra el terrorismo. El capitalismo depende de la
jerarquización, y la militarización es el paradigma de la jerarquía.
Debido al fracaso del neoliberalismo y a las nubes que se extienden
por el horizonte de la crisis económica mundial, el capitalismo
contemporáneo refuerza todas las formas posibles de jerarquización y,
de manera más obvia, las que se basan en el género y la raza. Busca
una “solución final” a sus problemas de la forma más jerarquizada
existente, es decir, la militar.
Por definición, el militarismo implica
una intensa violencia cotidiana de todo tipo. Los ejércitos son
organizaciones masculinas jerarquizadas cuyo objetivo es la
destrucción de la oposición por medios físicos y psicológicos; de ahí
las guerras preventivas interminables del imperialismo y la amenaza de
guantanamización y AbuGraibmización para quienes se opongan.
En resumen, las soluciones militares,
incluidas la represión de los movimientos sociales que lleva a cabo el
Estado, brindan el consentimiento para la violencia, ya muy visible
hoy en Colombia y en algunos lugares de Centroamérica y Méjico. A
causa del patriarcado y de todas sus instituciones (que se remontan a
épocas anteriores al capitalismo) las mujeres son de forma abrumadora
las víctimas “socialmente aceptadas” de la violencia en el mundo
militarizado de nuestros días.
Una de las principales consecuencias
de las guerras modernas es la privación de derechos a las mujeres. La
vinculación afectiva que se produce entre los militares, en las
fuerzas mercenarias que se contratan, y en los paramilitares,
establece una equivalencia entre poder y sexo, lo que a su vez
refuerza la violencia contra las mujeres. Por ello, apenas sorprende
que las protestas contra la escalada de abusos con las mujeres y el
comercio sexual (en la actualidad una forma de acumulación de capital
mayor que la que produce el narco tráfico) se ha convertido en una de
los cuestiones fundamentales no sólo en los movimientos feministas
como la Marcha de Mujeres de marzo sino en los movimientos de
redención social en general (y no sólo en América Latina) (5).
3. El destacado papel de la juventud,
que se puso de manifiesto durante el argentinazo de 2001; las huelgas
de estudiantes; los movimientos contra la impunidad de los
funcionarios y médicos implicados en las “guerras sucias” de ayer y de
hoy; los movimientos de gays, lesbianas y transexuales o los del “otro
mundo es posible” contra la globalización neoliberal capitalista.
4. El sorprendente papel desempeñado
por los campesinos y pequeños granjeros, a pesar de las nuevas oleadas
de represión extremadamente violenta contra ellos. En muchos casos,
como en Méjico y Brasil, por ejemplo, el “campesinado” es un nuevo
proletariado que sirve como una inagotable, y flexible mano de obra
emigrante incluso aunque se está produciendo un proceso simultáneo de
vuelta al campo, cuando los emigrantes de las ciudades tienen que
regresar a sus mínimas parcelas de tierra para conseguir los mínimos
alimentos necesarios para sobrevivir. Bien sea en el caso de los
movimientos de resistencia de los cocaleros andinos o en el del
brasileño MST, el campo y los suburbios urbanos de América Latina
constituyen una auténtica zona en pie de guerra con intensos
conflictos de clase.
5. El papel, con frecuencia pasado por
alto, que desempeñan las mujeres y hombres integrados en sindicatos y
quienes intentan sindicarse, que han venido desarrollando nuevas
formas de lucha contra los patrones, el Estado, y los corruptos
dirigentes sindicales (llamados “charros” en Méjico), que incluyen la
constitución de confederaciones de sindicatos independientes como el
Frente Auténtico de los Trabajadores de Méjico u otros alternativos
como la UNT (Unión Nacional de Trabajadores) de Venezuela y Méjico. En
Chile, el práctico vacío sindical dejado por Pinochet ha empezado a
llenarse con nuevos y vibrantes movimientos sociales de obreros
conocidos como “Colectivos de trabajadores”.
De manera importante, las luchas de
los trabajadores se están internacionalizando. Entre los ejemplos más
relevantes se encuentran las luchas unificadas de los obreros de
Coca-Cola en Guatemala, Colombia e India, así como las de las
“maquiladoras” (plantas de fabricación con bajos salarios) de Méjico,
América Central y el Caribe.
Un caso ejemplar es la huelga de tres
años que han mantenido con éxito unos 600 obreros del El Salto, en
Jalisco (Méjico)- afiliados a la Unión Nacional Revolucionaria de
Trabajadores- de la Compañía Euzkadi Rubber, propiedad de la
corporación multinacional alemana Continental Tire. Gracias a las
solidaridad internacional entre los sindicatos alemanes y los
progresistas, la Unión finalmente consiguió el reconocimiento legal de
su huelga, y en noviembre de 2004, los trabajadores llegaron a un
acuerdo con Neumáticos Continental que les garantiza el pago de
atrasos y la conversión de la fábrica en una cooperativa ( con el 50 %
de propiedad de los trabajadores y el otro 50 % de una sociedad
anónima de responsabilidad limitada) a la que Continental comprará los
neumáticos en el futuro.
Muchos sindicalistas participaron
también en las grandes manifestaciones contra la OMC y el ALCA así
como en el Foro Social Mundial y en otros foros regionales que
habitualmente atraen a miles de participantes de todas las condiciones
sociales.
6. El negativo papel de los medios de
información de masas no sólo como agentes políticos contra los
movimientos sociales sino como movilizadores de manifestaciones
reaccionarias cifradas en decenas de miles de participantes, tal como
ocurrió en la Ciudad de Méjico en 2004 y en Buenos Aires, cuando los
media se unieron a la Iglesia Católica y al Gobierno Federal para
patrocinar las protestas contra “la violencia urbana y la alteración
de la ley y el orden”. Mucho más conocido es el apoyo de los medios de
comunicación a las campañas mafiosas, de ultraderecha e imperialistas,
para provocar incidentes y desinformación con el fin de tratar de
derrocar a gobiernos progresistas como los de Venezuela y Cuba. El
acto de provocación, realizado en 2004 por EE.UU., de enviar al
espacio aéreo cubano una plataforma volante C-130 para transmitir
desde “Radio y TV Martí” es sólo uno más de esos intentos.
La importancia de los medios
información puede observarse en la criminalización de los movimientos
sociales. En los noticiarios repetidamente se recurre a las palabras
“actos de violencia” (sin mencionar a los agentes provocadores) cuando
informan de protestas pacíficas del movimiento contra la globalización
capitalista durante acontecimientos como el fracaso de la cumbre de la
OMC y del ALCA en 2003 o de la estéril reunión de la UE con los países
latinoamericanos en Guadalajara en 2004 (donde de hecho se produjeron
cargas policiales contra los manifestantes y espectadores inocentes).
7.El papel más evidente que nunca
desempeñado por los “fundamentalismos”, especialmente el del libre
mercado existente tras la globalización capitalista neoliberal, ya que
subraya el crecimiento de todos los otros fundamentalismos
(religiosos) en su fase contemporánea. Es la práctica de este
fundamentalismo del libre mercado, y no el Islam, la que tortura a
millones de persona cada día. Cada año 36 millones de personas mueren
de hambre y la mitad de los niños del mundo sufren malnutrición. En
América Latina existe un considerable aumento de la ayuda cristiana
fundamentalista de EE.UU., en parte para contrarrestar el destacado
papel de la teoría de la liberación y de los obispos progresistas en
países como Brasil. Aunque en Venezuela el Presidente Chávez está
persuadiendo a muchos de los “cristianos renacidos” con sus llamadas,
en su calidad de cristiano por la solidaridad humana, para superar la
pobreza del 80 por ciento de la población.
8. Y lo más importante de todo, existe
un reconocimiento creciente entre los movimientos sociales
latinoamericanos y los activistas sindicales de la necesidad de
unificar sus luchas más allá de las fronteras e internacionalizarlas
en todo el mundo. Además de los ejemplos ya citados, se encuentra el
MST de Brasil, que forma parte de Vía Campesina, una red de
movimientos de agricultores que existe en 87 países; la campaña por la
desmilitarización de América Latina, iniciada en Chiapas, Méjico, en
2003, que ahora tiene enlaces con la campaña internacional para
desmantelar las 702 bases militares estadounidenses en 130 países; y,
por supuesto el Foro Social Mundial.
Conclusión y posibles alternativas
Las circunstancias para los
movimientos sociales latinoamericanos son, quizás, más difíciles hoy
que en cualquier otro momento desde la pasada época de las “guerras
sucias”. Esa es la razón más importante para que el apoyo
internacional sea más decisivo que nunca.
El creciente reconocimiento de que el
emperador está desnudo bajo su nuevo atuendo del fundamentalismo del
mercado y la “globalización”, unido a la emergente crisis económica
estadounidense y la cada vez mayor resistencia del pueblo iraquí a la
ocupación militar imperialista y a la manipulación política, han
creado la situación adecuada que el Congreso Bolivariano de los
Pueblos ha descrito como “un momento histórico favorable de cambio
para los pueblos en la correlación de las fuerzas latinoamericanas y
caribeñas, expresadas en los avances y victorias de los procesos
electorales y de la lucha por la consecución de unos modelos de
desarrollo humanista que ofrezcan una alternativa a las políticas del
capitalismo neoliberal”.
La socióloga mejicana, Raquel
Gutiérrez, ex prisionera política en Bolivia, gusta de decir que los
mejores recursos para semejante alternativa se pueden hallar en “ el
sentido común de la disidencia”. El sentido común nos indica que si la
globalización contemporánea es de hecho mero imperialismo, es decir,
la expansión del monopolio del capital, la única solución a los
problemas creados por la globocolonización es la socialización de esas
empresas gigantescas y de sus filiales en América Latina y en todo el
mundo. Sólo nuevas alternativas revolucionarias anticapitalistas- lo
que el presidente venezolano gusta llamar “democracia revolucionaria”
– bien pensadas y organizadas, pluralistas y democráticas- junto con
alianzas internacionales pueden remover los poderosos obstáculos
levantados por el moderno imperialismo.
Una alternativa latinoamericana que
está siendo defendida como, literalmente, “la única vía para la
supervivencia” es la reorientación de las prioridades en “el interior
de nuestros países” con el fin de desarrollar los mercados interiores
“mediante la redistribución de la riqueza y mayores inversiones en
educación, salud, y en suficiencia alimentaria” (6). Lo que es
similar a lo que se propone en la Constitución venezolana, como modelo
de “desarrollo endógeno”.
Otra alternativa es la de la “tercera
vía”, tal como la formuló el “Consenso de Buenos Aires” de los
gobiernos de Brasil y Argentina. Esta aproximación busca bloquear la
firma del ALCA con las condiciones impuestas por Estados Unidos al
ofrecer diferentes modelos neoliberales, uno de ellos con “rostro
humano”, lo que es una contradicción en sí misma.
Una alternativa muy popular es la “del
crecimiento económico sostenible”, que se considera más responsable y,
medioambientalmente, más sólida como desarrollo económico. Esta
alternativa tampoco es factible en el marco de una economía
capitalista porque el objetivo de cualquier empresa capitalista es la
de conseguir los mayores beneficios sin preocuparse de las posibles
consecuencias medioambientales.
Otra alternativa puesta en marcha en
Porto Alegre y en otras ciudades de Brasil es el famoso “presupuesto
participativo” que, a pesar de algunos problemas con el clientelismo,
es un buen ejemplo de participación democrática desde abajo. Pero
estas alternativas de carácter local no pueden llegar muy lejos si los
recursos presupuestarios nacionales, mermados por el pago de los
intereses de la deuda exterior, no son suficientes para combatir el
hambre y otros graves problemas.
Como ya se ha indicado, el presidente
Chávez lidera una alianza bolivariana para unificar los estados
latinoamericanos política, militar y comercialmente. Esta es una
postura muy atractiva y útil como forma de ayudar a plantar cara a las
incursiones económicas y militares del imperialismo. Pero, a pesar de
ser mejor, y ya posible, debería contar con un acuerdo internacional
entre varios estados para negarse a pagar la ilegítima deuda exterior.
Semejante “ruptura” brusca con el capital financiero internacional
liberaría fondos para el desarrollo interior y ayudaría a crear el
espacio para un sistema económico más justo.
Como conclusión final, parece
imposible desde el interior del sistema capitalista reformar o
transformar la economía de mercado existente- determinada por las
corporaciones transnacionales y sus estados capitalistas- en una
sociedad diferente regida por la cooperación, la igualdad de
oportunidades, el control de los trabajadores sobre la producción y
una coordinación descentralizada mediante una planificación
democrática y la supresión de las jerarquías de clases, género y
opresión étnica. Por el contrario, para conseguir ese mundo mejor es
necesario construir en un proceso constante, pieza a pieza, partidos
políticos democráticos, sindicatos independientes y progresistas,
movimientos sociales de participación masiva unidos en coaliciones
nacionales e internacionales, así como organizaciones que seriamente
denuncien los obstáculos capitalistas y luchen por una alternativa
colectiva y participativa “socialista” o “humanista” en su interior y
en el conjunto de la sociedad.
Mucha gente llama a esta alternativa
un tipo de “socialismo internacionalista” o “un nuevo humanismo basado
en la solidaridad”. Sin embargo, no funcionará bien sin una masiva
participación desde abajo, y una organización cualificada que sea
también democrática y esté decidida a defenderla. Para la
supervivencia del planeta y de la humanidad, esta alternativa se
discute cada vez con más frecuencia en los foros sociales y entre
intelectuales y activistas de América Latina y del mundo. Es una
alternativa que puede incorporar muchos aspectos de otras alternativas
positivas.
* Miembro del International Institute for Research and Education
(Instituto Internacional para la Investigación y la Educación de
Amsterdam) y profesor de la State University of New York, el Dr. James
Cockcroft es un emprendedor especialista en América Latina en las ONG
canadienses, el Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas en
Defensa de la Humanidad, y el Tribunal Benito Juárez de la sociedad
civil que se reunirá en abril de 2005 en Méjico para juzgar el
terrorismo estadounidense contra Cuba. Ha escrito 35 libros, entre los
que se encuentran. Latin America: History, Politics, and U.S. Policy
(traducción española en ediciones México & Buenos Aires: Siglo XXI
editores, 2001, y La Habana, Instituto del Libro, 2005). Su correo
electrónico es : jcockcro@hotmail.com
Notas.
(1). El “imperialismo” contemporáneo
está subsumido en la ideología de la “globalización neoliberal” y del
fundamentalismo del libre mercado, pero continúa siendo, en las
clásicas formulaciones de Hobson, Lenin y Luxemburg, la necesaria
expansión del sistema capitalista y monopolista en todo el mundo. Hoy,
Estados Unidos es la principal potencia imperialista, no sólo militar
sino también económicamente (sus corporaciones y bancos suponen más de
la mitad de las mayores del mundo). El papel del Estado en el actual
ofensiva imperialista de EE.UU. es obvio, y cualquier teoría que
proclame que la importancia del Estado ha desaparecido es
indemostrable, por prácticamente carente de contenido. Como Ellen
Meiksins Wood ha puesto de manifiesto, el poder imperialista depende
no sólo de su propio Estado sino también del sistema global de
múltiples estados en su totalidad. Véase su “ El imperio capitalista y
el Estado nación: ¿Un nuevo imperialismo norteamericano?”, Revista
Viento Sur (Estado español), 112 de junio de 2004. http://www.vientosur.info/articulosweb/textos/index.php?x=246].
Para más información sobre “la segunda revolución por la
independencia” de América Latina, véase mi Latin America: History,
Politics, and U.S. Policy , en especial la “conclusión”.
(2) Véase la página en Internet World
March Women, www.marchemondiale.org.. Para mayor información sobre el
empobrecimiento de las masas y el papel central, no marginal, de los
trabajadores pobres en la acumulación de capital, véase James D.
Cockcroft, Mexico’s Hope (New York, Monthly Review Press, 1998),
230-242, 274-285. David Harvey ha dejado claro que la miseria y la
desposesión son los principales métodos de acumulación de capital en
la época actual de fundamentalismo del mercado y neoliberalismo. Véase
su “El ‘nuevo imperialismo’: sobre reajustes espacio-temporales y
acumulación mediante desposesión”, Revista Viento Sur (Estado
español), 13 de diciembre de 2003. http://www.vientosur.info/articulosweb/textos/index.php?x=196].
(3). Véase, Claudio Katz, “Burguesías
imaginarias y existentes”, Enfoques Alternativos, nº 21, febrero de
2004, Buenos Aires, reeditado en Correspondencia de Prensa- Boletín
Informativo, nº 242, 8 de febrero de 2004 (germain@chasque.net].
(4). En el periodo 1992-2002, América
Latina transfirió como pago de los intereses de la deuda a los bancos
extranjeros cuatro veces el total del importe del préstamo original,
mientras la deuda exterior se duplicaba. Las estimaciones del Banco
Mundial y de otras instituciones financieras internacionales señalan
que los beneficios del narcotráfico probablemente están siendo
superados por los derivados del “comercio sexual” con mujeres y niños.
Al contrario que la droga, una mujer puede “consumirse” más de una
vez. Incontable número de mujeres son prácticamente esclavas y
asaltadas violentamente hasta su temprana muerte en un proceso de
feminicidio sin precedentes desde la época de la “quema de brujas”.
(5). Véanse las notas 2 y 4. He
aprendido mucho sobre la cuestión de la violencia contra las mujeres
en mis conversaciones con la Dra. Susan Caldwell (susaniire@yahoo.com)
. El marco teórico de Caldwell para el análisis de género como clase
se basa en la re-conceptualización de Departamento III de producción
de Marx. Para un resumen,véase James D. Cockcroft, “Gendered Class
Analysis: Internationalizing, Feminizing, and Latininizing Labor’s
Struggle in the Americas”, Latin American Perspectives, nº. 103, 25:6
(noviembre 1998), 42-46, y Mexico’s Hope, 146-151.
(6). Citas del artículo de Raúl
Zibechi, Correspondencia de Prensa-Boletín Informativo, 29 de abril de
2004.
José Luis Escrivá / Economista-jefe
del Grupo BBVA
Auge economico chino: retos y oportunidades para
latinoamérica
José Luis Escrivá / Economista-jefe
del Grupo BBVA
La región es una de las áreas
económicas donde más repercute el fenómeno chino en el comercio
mundial de materias primas.
En pocos años, China ha pasado de ser
un país marginal dentro de la economía mundial a desempeñar un papel
central en el desenvolvimiento económico a nivel internacional. Su
influencia se extiende desde los mercados de divisas a la evolución de
los precios de las materias primas, pasando por su enorme impacto en
los flujos comerciales y en la inversión directa entre países. Como se
puso de manifiesto en la última reunión del G-7 en Washington el
pasado mes, sin el concurso de las autoridades económicas chinas no
resulta posible al día de hoy abordar los problemas que acechan a la
economía mundial.
No por muy divulgadas, algunas cifras
no dejan de impresionar. Entre 1978 y 2003, el PIB real creció en
media un 9,4%. Este extraordinario comportamiento ha hecho de China
una economía doce veces más grande de lo que era hace sólo 25 años,
con un tamaño similar a la suma de las economías de Brasil, México y
Rusia. Es ya la séptima economía mundial, y la segunda cuando
calculamos el PIB en términos de paridad de poder de compra. Y de
repetirse la experiencia en el próximo cuarto de siglo, la economía
china podría igualar en dimensión a la de Estados Unidos.
El fenómeno chino constituye, al mismo
tiempo, el desarrollo de un importante mercado potencial. De 1978 a
2003, su volumen comercial ha crecido a una tasa anual del 16 %, China
constituye el cuarto mayor socio comercial a nivel mundial y el tercer
importador tras Estados Unidos y Alemania. Se espera que el volumen
comercial total en 2004 crezca un 30 % interanual. Al mismo tiempo, en
este año la economía china es el principal receptor de inversión
extranjera directa, alcanzando un volumen acumulado de 54 mil millones
de dólares a finales de julio 2004. En el año 2003, China absorbió la
mitad de la inversión directa dirigida a economías emergentes. Además,
más de 400 de las principales 500 multinacionales realizan inversiones
directas en China.
La economía china es igualmente una
devoradora de materias primas, no sólo como resultado de su dinamismo
sino por encontrase todavía en una etapa temprana de desarrollo. En
2003, China fue el mayor consumidor mundial de cobre, estaño, zinc,
platino, acero y hierro. En ese año, sus importaciones de níquel se
duplicaron, las de cobre aumentaron un 15 %, las de soja un 70 % y las
de petróleo un 30 %. Además, consumió el 50 % del cemento mundial, el
30 % del carbón y el 36 % del acero.
Latinoamérica es una de las áreas
económicas donde más repercute esta irrupción de China en el comercio
mundial de materias primas, al estar la mayoría de los países de la
región especializados en la producción de estos bienes. Por ejemplo,
la región exporta el 47 % de la soja, el 40 % del cobre y el 9.5 % del
crudo del total de las exportaciones mundiales. Los datos más
agregados son también muy elocuentes. Frente a un crecimiento del 8,5
% de las exportaciones totales de la región en el 2003, las destinadas
hacia el mercado chino crecieron un 72 %.
La excepción en Latinoamérica a este
fuerte impacto positivo de China sobre los flujos comerciales la
constituye México. Se trata de una economía con un elevado grado de
especialización en la producción de bienes manufacturados,
especialmente en actividad maquiladora, que compite fuertemente en
terceros mercados con las exportaciones chinas, especialmente en el
mercado estadounidense. Según estimaciones del BBVA, cuando se
analizan los patrones de las exportaciones a nivel mundial, México,
junto con Tailandia y Polonia, presenta el grado más alto de similitud
con el patrón exportador chino. México está, no obstante, resistiendo
la competencia china, especialmente en sectores donde los costes de
transportes son decisivos y más que compensan la ventaja china en
costes laborales. Aquí competir en salarios es imposible y lo será
durante bastante tiempo: en el sector manufacturero el salario medio
en China es de 112 dólares al mes, frente a los 440 de México.
El contraste entre la suerte de México
y del resto de Latinoamérica ante el fenómeno chino pone de manifiesto
de forma particularmente cruda cómo grandes transformaciones en la
economía mundial suelen generan simultáneamente retos y oportunidades.
Quién resulte finalmente beneficiado a largo plazo dependerá en buena
medida de cómo se afronten hoy los retos y se aprovechen las
oportunidades.
Los aparentes perdedores de hoy pueden
convertirse en los ganadores del futuro y viceversa. Si la competencia
china sirve como catalizador de las reformas estructurales, necesarias
por tanto tiempo en México, este país se pondrá en condiciones para
explotar su enorme potencial económico. Del mismo modo, para el resto
de Latinoamérica sería un error pensar que el "boom" del precio de las
materias primas va a durar indefinidamente.
Antes o después, los precios de estos
bienes retomarán su tendencia secular a crecer sensiblemente por
debajo del nivel general de precios, como corresponde a bienes cuya
demanda relativa, a partir de un cierto umbral de renta, tiende a
decrecer a mediada que aumenta la renta "per-capita". Y llegará un
momento en que la economía china, como antes lo hicieron muchos otros
países, superará ese umbral.
El "cortoplacismo" es uno los
principales males que asola las economías latinoamericanas. La bonanza
de hoy debe aprovecharse para transformar sus economías: sanear las
finanzas públicas, invertir en educación y en infraestructuras
necesarias y rentables y diversificar decisivamente el aparato
productivo. Sólo así se ganará el futuro.
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